Érase una vez un pequeño y amarillo canario, que desde que nació vivía en una jaula dorada a cargo de un niño y su padre. Cuando el niño fue un poquito más grande él sólo cuidaba del pajarillo, al que limpiaba la jaula y le daba de comer y beber todos los días con el mayor de sus esmeros. El canario veía el mundo a través de los barrotes como algo totalmente nuevo, que siempre había estado ahí, sin más. Empezó a desear cada vez con más fuerza salir de aquella jaula tan pulcra y tan conocida en busca de la inmensidad del exterior. Un día, mientras el chico limpiaba la jaula, un repentino golpe de viento empujó la puerta entreabierta de su jaula, permitiéndole volar lejos. Y así lo hizo. Todo un mundo esperaba al pequeño pájaro. Un mundo demasiado grande, y demasiado cruel. Pronto pudo comprobarlo, y echó de menos el cariño de aquel niño que le daba de comer y de beber cada día, y lo mejor de todo, que sinceramente lo quería. Decidió volver y tras muchas dificultades encontró el camino de vuelta a casa. Pero cuando llegó, había otro pájaro en su jaula. Moraleja: A veces dejas atrás algo mucho más valioso de lo que parece, algo que no volverás a poseer, cuando lo cambias por lo que crees que será mejor.
No es un gran cuento, pero me he sentido bien al inventarlo en treinta segundos para un grupo de chicos de trece a dieciséis años y uno de educación especial en mi primer día de trabajo en los talleres de verano. Fue uno de los mejores aplausos que he recibido.
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3 comentarios en esta anotación »
CalheR
# julio 12, 2005
Jota
# julio 12, 2005
Mechanical
El pájaro quiso libertad y se fue, sin embargo, no le gustó del todo, pero es que las decisiones tienen su lado positivo y otro negativo, como todo en esta vida.
# julio 24, 2005
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