Fecha:
Enero 3, 2006
Autor:
CalheR
Tema:
Libros
Comentarios: 4
He terminado la que seguramente ha sido la mejor lectura que he hecho hasta ahora. Empecé Memorias de Adriano el verano pasado. La autora del libro, Marguerite Yourcenar, narra la vida de Adriano en primera persona, en la forma de una carta escrita por el propio emperador al joven Marco Aurelio. Una carta que escribe desde su residencia, la Villa Adriana, un lugar que ha hecho increíblemente especial la lectura de este libro. Y es que tuve que interrumpirlo, precisamente, por pasar tres semanas en aquel lugar en el mes de septiembre. Al volver dejé algo aparcada su lectura, que felizmente he retomado y terminado estos días. Pero volviendo al tema, la carta de Adriano es una carta a modo de despedida, de legado, en la que el viejo emperador reflexiona sobre su propia existencia, sobre el papel de Roma en el mundo, sobre política, economía, administración, pueblos, religiones, vicios, personajes, virtudes, defectos, pecados y grandezas de los hombres. Es una obra alucinante porque, más allá de lo atractivo del tema, más allá incluso del atrevimiento de poner en boca de Adriano unas palabras que irremediablemente son de la autora, la prosa de Yourcenar alcanza un nivel tan elevado que, unido al gran atractivo del personaje, conforma un relato magistral. Lo mejor que he leído, y no me gusta hacer ese tipo de afirmaciones. La profundidad que alcanza el libro en prácticamente todos sus episodios es digna de varias relecturas. El número de citas que de él se podrían sacar, infinito. El estilo de la escritura engancha, pero no por su acción, por sus trampas ni por sus trucos estilísticos tipo best-seller, sino por una calidad que no cesa de la primera página a la última. Es un estilo bastante adornado, pero necesario para tratar de imitar la presumible prosa de un emperador romano. Y ése es uno de los puntos más importantes de mi relación con este libro. Durante un tiempo fui reacio a leerlo por tratarse de unas memorias de Adriano que no son obra suya. Mi interés por el personaje me hizo empezar la lectura, y conforme avanzaba, mi postura cambió tanto que lo que siento ahora es rabia porque el libro no fuera escrito por el propio Adriano, por no poder enarbolar esta obra como el legado de un emperador genial, sino verla reducida a la categoría de “novela histórica”. Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio, en que sólo estuvo el hombre
4 comentarios en esta anotación »
Mechanical
# enero 3, 2006
Jota
# enero 5, 2006
CalheR
# enero 5, 2006
Ana
# abril 12, 2006
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