
Yo, como muchos otros de mi generación, soy aficionado a los comics. De pequeño, mi madre me compraba tebeos de Mortadelo y Filemón y de Zipi y Zape para que los leyera y cogiera velocidad viñeta tras viñeta. Luego fui creciendo y fueron variando mis gustos, aficionándome al manga o cómic japonés en general, sobre todo coleccionado la larga serie de Dragon Ball, obra de Akira Toriyama. Sin embargo, el manga no es lo que se dice “barato” y tras dicha colección fui adquiriendo tomos sueltos de series emblemáticas, más que nada por motivos sentimentales y durante largo tiempo me dediqué a seguir el mundillo por medio de las revistas informativas sobre el tema, como la legendaria y mejor del mercado
Minami.
El tiempo ha pasado y con mis veinte y el tiempo he dejado un poco apartada mi afición al cómic, lo que sin embargo no me impidió visitar esta pasada Navidad, mientras ultimaba un regalo, una librería especializada de mi ciudad que me pillaba de paso, sin ninguna idea de compra pensada con anterioridad. Hacía tiempo que no entraba, y como llevaba una mañana inspirada, decidí mirar a ver si habían cambiado mucho el aspecto de la tienda. Escudado en excusa tan tonta y con contante y sonante en el bolsillo me dispuse a perderme un poco por la tienda, y después de mirar y remirar, encontré un libro que había conocido mucho tiempo atrás, que se quedó grabado en mi memoria y que, curiosidades de la vida, había encontrado allí. Se trataba de “Maus”, más que un cómic, una novela dibujada del autor Art Spiegelman, norteamericano de padres judíos polacos que emigraron a EEUU tras la Segunda Guerra Mundial. Precisamente Spiegelman narra en esta obra la historia de sus padres desde que se conocieron hasta su liberación del complejo de Auswitch, mezclando en la línea argumental la historia de las conversaciones para recabar información y la compleja relación que el propio autor tuvo con su padre, ya mayor y en Nueva York, sin dejar a un lado el espinoso tema del suicidio de su madre años atrás, mucho tiempo después del genocidio nazi. Uladek, un joven bien parecido que recuerda en su época al galán del cine mudo Rodolfo Valentino, conoce a Anja, una joven tímida de muy buena familia. Juntos, verán gestarse y crecer al III Reich y su expansión por Europa, la invasión de Polonia y la terrorífica persecución del pueblo judío, a la que ambos escapan mientras saben de las muertes de muchos de los suyos, hasta que van a parar a Auswitch. La “Solución Final” está plasmada en las cámaras de gas, en la eliminación de los cadáveres a través de los hornos crematorios, en la quema de cadáveres (y no cadáveres) en las grandes fosas tras el paso por la cámara de gas cuando el número de cadáveres traídos incluso desde otros lugares no permitían ser quemados todos en los hornos, o en los terribles y agónicos trenes de la muerte. La tremenda astucia por la supervivencia de Uladek, la resistencia tenaz de Anja, la eterna esperanza y el amor indestructible de la pareja colman de sentimientos esta historia, que se completan con el trauma psicológico que acompaña a todo superviviente de una masacre. Si todos estos ingredientes no merecieran el Pulitzer que le fue otorgado allá por el año 1992, hay que añadirle el representar a los personajes como animales, convirtiendo a la historia dibujada en una especie de fábula, con los judíos con rostros de ratones, los nazis con los de gatos (la persecución del ratón y el gato) o a los americanos liberadores con rostros de perro.
Pese a que me pilló en fechas complicadas por estudios, siempre intenté sacar un ratito para “Maus”, porque me enganchó desde el primer momento. Si no os gusta mucho el cómic, ésta puede ser vuestra excepción, una increíble historia que bien podría ser una novela. Está considerado como uno de los mejores comics de la historia y al Pulitzer hay que añadirle como premios una beca Guggenheim y una exposición en el museo de Arte Moderno de Nueva York. Sólo hay que leer lo que de él dijo Humberto Eco para advertirlo:
La verdad es que Maus es un libro que uno no puede dejar, ni siquiera para dormir. Cuando dos de los ratones hablan de amor, te conmueve; cuando sufren, lloras. Poco a poco a través de este relato compuesto de sufrimiento, humor y los desafíos cotidianos de la vida, uno queda atrapado por el lenguaje de una antigua familia del este de Europa y es arrastrado por su ritmo suave e hipnótico. Y cuando uno acaba Maus, se siente triste por haber abandonado ese mundo mágico…
3 comentarios en esta anotación »
CalheR
# febrero 28, 2006
Mechanical
# febrero 28, 2006
un charnego en el oasis
Sobran comentarios.
# marzo 20, 2006
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