
El
spam es una de las grandes plagas de Internet. Recibir decenas de correos que no has pedido sobre temas que no te interesan es algo con lo que no tendríamos por qué enfrentarnos. Afortunadamente, al menos para el caso del correo electrónico, existen aplicaciones como
Gmail que funcionan bastante bien como anti-spam y eliminan, prácticamente, esa molestia.
Pero el spam existe más allá de Internet. La publicidad lo invade todo, no hace falta más que darse un paseo por la calle o poner la televisión. Sin embargo, todo tiene un límite, que debería ser el de no invadir la intimidad del destinatario ni enviarle publicidad no deseada su residencia, correo postal, electrónico o cualquier otro medio o canal. Sin embargo, se hace, y ya es parte de mi rutina, al llegar a casa, recoger del suelo un par de folletos anunciando ofertas de alguna tienda que ni conozco ni me importa, y descolgar el teléfono para encontrarme con alguien que me quiere vender algún novedoso producto. Esta última categoría la copan últimamente las dichosas ofertas de ADSL (Jazztel, Wanadoo y demás), que, además, suelen ser recurrentes. Aunque les digas que no, te volverán a llamar, seguro (lo de Jazztel ya
roza los límites de toda ética)
El caso es que pocas cosas me molestan más, cuando estoy en mi casa, que recorrerme toda la casa para coger el teléfono y encontrarme con alguien vendiéndome una cosa que no quiero comprar. Y además no sirve de nada cabrearse con el interlocutor, que es una persona que ni conoce ni conocerá a la persona a la que deberían ir encaminadas nuestras quejas. El
spam al correo electrónico es molesto, pero al fin y al cabo se elimina con un par de
clicks. El del teléfono se puede convertir en una molestia increíble. En ciertos momentos puede molestar a uno mucho (mucho) una llamada no deseada.
5 comentarios en esta anotación »
Mechanical
# marzo 15, 2006
kane
# marzo 16, 2006
CalheR
# marzo 16, 2006
Fëarûth
# marzo 16, 2006
Migue
# marzo 17, 2006
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