Turquía, la inmensa nación de la luna y la estrella, con una increíble historia irremediablemente unida al occidente europeo, se debate entre dos frentes. Con una extensión un poco mayor que el estado de Tejas y una población de 66.493.970 habitantes (según un estudio de julio 2001), los turcos se encuentran geográficamente ubicados en una de las fronteras entre civilizaciones. Desde la colonización romana y la creación del Imperio Romano de Oriente, con sede en Constantinopla, y la posterior creación y expansión del Imperio Otomano, el pueblo turco (o siendo más exactos, la población que ocupaba aquella extensión geográfica) se ha encontrado con influencias culturales de los dos mundos, aunque la religión musulmana fuera la que mayor influencia ejerciera sobre ellos, minimizando la influencia occidental y la cultura cristiana.
Así fue por lo menos hasta la caída del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial y la pérdida de múltiples territorios (como Siria, Palestina, Mesopotamia y Arabia) en 1922, con el derrocamiento del Sultán Mehmet VI Vahdettin por la nueva asamblea Republicana de Turquía, proclamada el 23 de octubre de 1923. Los nacionalistas representados por
Mustafá Kemal Atatürk fundaron la moderna República de Turquia, siendo este último su principal artífice. Atartük puede ser considerado el primer “europeísta” de la nación turca, puesto que su gobierno impulsó medidas de corte occidentalista que en un par de décadas terminó con viejas costumbres sociales en favor de un acercamiento a las instituciones europeas y el Estado moderno. Entre ellas pueden destacarse el cambio del alfabeto árabe por el latino, la introducción de un nuevo código civil inspirado en el suizo o la prohibición del fez, sombrero musulmán tradicional y el velo en las mujeres como parte de un código del vestir. También se conminó a la población a que adoptara apellidos en sustitución del nombre único de tradición árabe. El gobierno designó a partir de entonces a los imanes, y reconoció el derecho de la mujer a elegir y ser elegida antes que en muchos países occidentales y se sustituyó el calendario árabe por el gregoriano entre otras medidas.
El espíritu de Atartük ha permanecido, sobre todo en las grandes ciudades y en la política del país. En este momento Turquía es el mayor socio económico de la UE, y su primer ministro, Recep Tayyip Erdoğan, ha impulsado múltiples medidas de reforma con el objetivo de adecuar cada vez más a Turquía con el espíritu de la unión. Entre ellas la abolición de la pena de muerte y el proceso de paz y respeto hacia las poblaciones kurdas del este del país. Sin embargo, la integración de Turquía será mucho más difícil de lo que puede parecer a simple vista.
Entre los puntos a su favor se encuentran el apoyo de la candidatura por parte de
Chirac y
Blair, además del beneplácito de la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Turquía es el miembro que más ha crecido últimamente, y su adhesión a la comunidad supondría un excelente terreno de inversión en un país en el que la población se siente mayoritariamente europea. Sin embargo, aspectos negativos son la reticencia de Alemania a la adhesión por temor a la emigración turca a este país y a la influencia islámica en la UE, que crecería del 5 % actual al 20 %. Por otro lado queda el problema del reconocimiento de la isla de Chipre como República Independiente y la desmilitarización de su parte oriental por parte de Turquía, aún reticente.
Sin embargo, hoy por hoy el problema es otro. Tal como expresa un
artículo publicado en el diario norteamericano Newsweek y recogido en la revista semanal Tiempo,
cuando Israel bombardea Líbano, George Bush lo considera “autodefensa”. Sin embargo cuando Turquía pierde a dos decenas de soldados el último mes en atentados de separatistas kurdos que cruzan desde Irak, Bush les pide calma, mientras que los líderes turcos piden el bombardeo inmediato de la guerrilla. Sólo la paciencia de su primer ministro los contiene, aunque el precio político que le puede suponer en las elecciones turcas del próximo año puede ser muy caro. Promesas de Washington de castigar al Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK) han quedado en nada, y la población lanza su ira contra los norteamericanos y el propio gobierno, que pese a tener planes y estrategias preparadas para enfrentarse a la guerrilla, tiene aún las manos atadas. Por otro lado Irán, que se ha proclamado capital del Islam, mueve la ficha de Oriente: ha comenzado a bombardear posiciones del PKK cercanas a Kandil, al norte de la frontera con Irak, Irán y Turquía.
Ahmadinejad se ha puesto en contacto con el primer ministro turco para comunicarle la voluntad de Irán de sofocar la guerrilla.
¿Qué elegirá Turquía? ¿la media luna o las estrellas? ¿Oriente u Occidente? El analista independiente Grenville Byford piensa que serían demasiado caros los costes de internarse en el norte iraquí, ya no solo por la respuesta internacional (y estadounidense), sino por la reacción de las provincias del suroeste kurdo, cuya represión ralentizaría más si cabe las esperanzas de unirse a la Unión Europea. Podría ser entonces el momento de alinearse con las naciones musulmanas más potentes. Lo único claro e irremediable del conflicto es que el gobierno de Erdogan saldrá perjudicado.
3 comentarios en esta anotación »
Jesu
El tema de la isla de Chipre, desde mi punto de vista, es posible que se solucionase si Turquía entrase en Europa, ya que entonces las presiones por parte de los poderes de la Unión podrían surtir más efecto. Y por otro lado opino que la postura de Alemania es bastante egoísta, puesto que España no se opuso a la entrada de los países del Este (si no me equivoco), aún teniendo aquí un creciente número de inmigrantes de aquellos países.
Por último, creo que Estados Unidos se equivoca en el tratamiento del asunto de los kurdos, porque con la torpeza que los caracteriza en asuntos estratégicos de este calibre se están arriesgando a perder un importante aliado tradicional, y Turquía podría acabar como el Irán de 1979. De todas formas, y aunque es probable lo contrario, no creo que el primer ministro y el resto de la clase política turca se tomen tan a la ligera una decisión tan importante, que implica el rumbo de su país para el resto de la Historia, en especial basándose en unos cuantos ataques por parte de Irán, bastante interesados por cierto, y que, desde mi visión, poco tienen que ver con la defensa o la ayuda hacia Turquía, sino más bien con el interés de ganarse un aliado subordinado. Digo esto porque existe otra fuerza de mayor influencia para el Parlamento turco: la población del país. Y creo que ahí esta la verdadera clave del asunto, Jota, sobre todo teniendo en cuenta lo que apuntas: "un país en el que la población se siente mayoritariamente europea".
Habrá que ver cómo evolucionan los acontecimientos. De todas formas, sería para mí una alegría contar con un país como Turquía como socio integrante de esta gran comunidad nuestra.
Un saludo!!
Jesu
# agosto 27, 2006
Mechanical
# agosto 28, 2006
CalheR
Turquía, al entrar en el mercado común, experimentaría un crecimiento económico importantísimo, y a la vez se vería obligada a ir cumpliendo los reglamentos comunitarios en todos los ámbitos. Si esto sale bien, el mensaje al mundo musulmán no podría ser mejor: se puede ser un país de mayoría y tradición musulmana y a la vez ser un estado plenamente democrático en el sentido occidental. ¿Odiais a Occidente? ¿Creéis que Occidente odia el Islam? ¡Fijaos en Turquía! Ojalá algún día podamos decir eso.
Pero conviene llevarlo con cuidado, paso a paso. Un fracaso en la integración sería un espaldarazo para el Islam más radical, y otra losa para la Unión. Así que adelante, pero sin prisa.
PD: Por cierto, excelente artículo ;)
# agosto 28, 2006
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