
En todo el mundo existen, actualmente, más de 650 millones de discapacitados, que representan el 10% de la población mundial, una cifra nada desdeñable.
Tradicionalmente, el poseer una tara, discapacidad, disminución o
diversidad funcional, como se le designa técnicamente, tanto física como psíquica ha supuesto la negación casi total de un individuo, sometido a su propio problema, que lo caracterizaba y era la esencia de sí mismo para todos los demás. Esta figura ha existido en todas las épocas, y en todas ellas han sufrido algún daño por parte de sus congéneres “sanos”. En la antigua Grecia, más concretamente en la república de Esparta, el infanticidio les negaba la vida, ya que una sociedad como la suya no permitían miembros
“no válidos”. Con la llegada del cristianismo, el infanticidio se prohíbe, pero se les da un nuevo calificativo y se les atribuye el origen de la mayoría de los sucesos sobrenaturales: son los
endemoniados, personas poseídas por Satán y otros espíritus del Infierno que deben soportar las prácticas exorcistas del clero en general (no quiero ni pensar en que haría la Inquisición en estos casos). Dando un salto de importancia, durante los siglos XVII y XVIII, a los discapacitados psíquicos se les consideran personas trastornadas, que tienen su lugar en orfanatos, manicomios. Sin ningún tipo de atención especial y soportando otra retahíla de dulzuras para denominarlos tales como
imbéciles, amentes, débiles mentales, diferentes, locos o locas. Desde finales del XVIII y principios del XIX se propaga la idea de que había que proteger a las personas normales de la no-normal, y las personas con discapacidad psíquica son separadas, segregadas y discriminadas y se crean nuevas definiciones de la talla de
niños y niñas idiotas y desde el ámbito médico,
oligofrénicos u oligofrénicas. Durante el siglo XX son considerados como perturbados y perturbadores, seres antisociales y hasta obsesos sexuales. La sociedad socialdemócrata nazi repite en cierta manera la ideología espartana y crea un pequeño holocausto para eliminar a estas personas. En Suecia se les
esteriliza hasta mediados de los años 70, incluso sin el consentimiento de ellos. La creación de escalas de inteligencia los califica de
“torpes” y
“retrasados o retrasadas”. Esta es la evolución del tratamiento de un grupo social humano por parte de sus congéneres durante dos mil años. No obstante, parece que el progreso y la democracia dan por fin sus frutos. Se comienza a hablar de deficiencia mental, minusvalías, handicapado, discapacidad psíquica (que tampoco son términos para tirar cohetes en materia de discriminación), hasta que la
Asociación Americana sobre Retraso Mental (AARM), con su nueva conceptualización ofrece términos como retardo mental o como otras corrientes prefieren utilizar,
discapacidad intelectual.
Pues bien, en el próximo mes las sesiones de la Asamblea General de la ONU buscará el consenso general para aprobar el primer tratado de derechos humanos del sigloXXI: la
Convención Internacional para los Derechos de las Personas Discapacitadas, idea original de hace dos décadas de Italia y retomada por el presidente mexicano Vicente Fox. Hoy en día, tres de cada cuatro países no poseen leyes de protección al discapacitado, es decir, sólo 45 de los 192 países de Naciones Unidas cuentan en sus gobiernos con legislaciones apropiadas para personas con discapacidad. El 80 por ciento de las personas discapacitadas de todo el mundo viven en países en desarrollo, donde el 90 por ciento de los niños discapacitados no asisten a la escuela y más del 95 por ciento de los adultos son analfabetos, casi el cien por cien en el caso de las mujeres. En los países desarrollados y en España para ser más concretos, el problema es la dificultad para acceder a un puesto de trabajo. El 64 por ciento de los minusválidos sufre la discriminación y el 80 por ciento no trabaja. El trato desigual en el trabajo e incluso las dificultades de acceso e información por parte de la Administración son quejas reflejadas por la encuesta realizada por el
Comité Español de Representantes de personas con Discapacidad (Cermi).
Actualmente, nuestro gobierno impulsa un proyecto de Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia. Desgraciadamente, y como casi todo aquello que se hace para los discapacitados se hace sin los discapacitados. Además de que la ley incumple las directrices europeas en varios aspectos según
El Foro Vida Independiente, organización que agrupa a unas 500 personas de toda España y de otros países que trabajan por la igualdad de oportunidades para los discapacitados o personas con diversidad funcional, la ley falla al enfocar ciertos temas. En primer lugar, la figura del asistente personal, que es su puente con la sociedad y la integración, es totalmente necesaria, pero no en esa política reclusoria en la que actúan más como carceleros que como profesionales de la ayuda, en centros de día o de noche, residencias y ayuda a domicilio. La ley es insuficiente en opinión de esta asociación y está por debajo de la legislación de otros países europeos. El desacuerdo principal llega en el copago en función de ingresos y patrimonio de los servicios que se ofrece al discapacitado según la citada ley, en la que la persona en dependencia debe dedicar una parte sustancial de sus ingresos al sostenimiento de su independencia. Este apartado penaliza más que favorece a unos ciudadanos que buscan la igualdad, ya que se ven lastrados al tener que soportar un gran pago económico por su “independencia” que les impide avanzar. Por mi parte he de decir que estoy bastante contento con algunas medidas de los servicios sociales de mi municipio, que espero que desde aquí sirvan como ideas para otros, como es incluir a los mismos en proyectos como las Escuelas de Verano (en esta edición en mi localidad también se han incluido a las personas mayores), en las que de una manera adaptada, pero igual de educativa y divertida, se les ofrecen las posibilidad de disfrutar un verano lleno de actividades.
Porque son discapacitados, pero no son idiotas, ni imbéciles ni débiles mentales. Sólo tienen el mismo miedo que nosotros les tenemos a ellos cuando nos acercamos por primera vez. Pero son personas, como tú y como yo, que merecen que se les respeten sus derechos en un camino hacia la igualdad. Y no podemos olvidar que todos podemos ser discapacitados en un momento concreto de nuestras vidas, tanto psíquicamente por algún problema o físicamente por algún trágico acontecimiento que esperamos que no nos ocurra.
Aunque este gobierno ha avanzado mucho (
recordemos como Zapatero propuso el pasado diciembre que se sustituyese en la Constitución el término “disminuido” por el de “discapacitado”) yo espero que atienda la sugerencia de este colectivo y se reúna con ellos como le han solicitado antes del 12 del próximo mes, puesto que es cuando finaliza el plazo para definir la ley.
3 comentarios en esta anotación »
CalheR
Cuando les das un poco de tu atención, ven la luz. Y te devuelven con creces cualquier cosa que les des. Sólo desean ser útiles, y sentirse "normales".
Sí, se merecen un trato más humanitario, y bienvenido sea todo lo que se haga en este sentido.
# agosto 29, 2006
Mechanical
# agosto 29, 2006
CalheR
Dejo el enlace
Naciones Unidas conspira contra la vida. Ujujúuu.
Hay que joderse.
# agosto 30, 2006
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