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El pasado mes, en Khiam, como en otras poblaciones del sur del Líbano, un adolescente paseaba en moto como si nada fuera de lo normal estuviese ocurriendo. No obstante, si uno podía observarlo un poco más de cerca, hubiese apreciado el audífono conectado a un walkie-talkie que lo identifica como uno de los
exploradores de Hizbulá.
La relación de Hizbulá con la población civil libanesa va más allá de su utilización como escudo o emplazamiento estratégico para la instalación de sus misiles y demás artillería pesada. Hizbulá se enraíza con la población a través de su amplia red de asistencia social, que trabaja concienzudamente en beneficio de todos los libaneses, sin hacer diferencias entre seguidores y no seguidores, chiíes y no chiíes. Durante los 18 años de ocupación judía en la zona del último conflicto, que abarca desde el año 1982 al 2000, la organización no se ha limitado a construir búnkeres, sino a ganarse también el beneplácito de una población musulmana hastiada de guerra. La pasada semana, sin ir más lejos, antes de que los miembros del ejército libanés se desplegaran por el sur del país, los miembros de Hizbulá ya trabajaban retirando escombros y despejando la destrucción de carreteras y calles en los pueblos destruidos, y sus unidades sanitarias se desplegaban para retirar los cadáveres de los inmuebles en ruinas. El propio Nasrala, el líder de la organización, a modo de presidente de la nación y emulando algo que ya hacían los líderes de la Antigua Roma en tiempos de guerras civiles, prometió en su primer discurso tras el alto el fuego que daría dinero para adquirir muebles y que pagaría un año de alquiler a todo libanés que hubiese perdido su casa en la guerra, y a modo de “consejo institucional” pidió a los libaneses que no subieran los precios para sacar beneficio de la escasez. El gobierno libanés, demasiado débil para desarmar o imponerse a la milicia, se posiciona muy cerca de ella, como así lo reflejan las declaraciones del Ministro de Defensa, que ha dicho que
la resistencia (así los denomina el gobierno libanés) coopera con el Estado y no hay porqué enfrentarse a ella.
Hoy se abre un interesante discurso en Líbano sobre el futuro de Hizbulá, que va desde desarmarla a otorgar más poder a sus representantes políticos. Sea como fuere, con los fondos que llegarán de Irán, frente a la ayuda que conceden al gobierno Kuwait y Arabia Saudí (tradicionales aliados de Líbano) y los organismos internacionales, Hizbulá reconstruirá casas y ganará voluntades, puesto que Hizbulá no es sólo una milicia, sino todo un movimiento ideológico que de forma muy inteligente no se olvida del pueblo ni de sus necesidades reales, las de base, como la necesidad de la vivienda, a través de una excelente red de “trabajadores sociales”.
4 comentarios en esta anotación »
Mechanical
Aunque es una demagogia de lo más barata, pues Hizbolá y su líder usan a un pueblo como escudo para sus acciones, de las que se pavonean con enormes pancartas con lemas como: "Holy victory".
# agosto 30, 2006
CalheR
Lo peor es que Hezbollah ha salido muy reforzada de esto. Y ahora la ONU les pide que se desarmen. ¡A ver cómo lo consiguen!
# agosto 30, 2006
Jota
# agosto 30, 2006
Jesu
Un saludo!!
Jesu
# agosto 30, 2006
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