
“
Para que por aquí estén marineando las lagartijas, yo prefiero que sea para las personas humanas”. Así rezaba el comentario de un hombre con aspecto campechano, un hombre de pueblo, sin más ni menos. Lo único que no pegaba en aquella estampa era las moles de cemento y hormigón armado, las grúas y un lago con pinta de artificio que se erigían detrás de aquel señor de sentir aparentemente llano. Se trataba, sin lugar a dudas, de Francisco Hernando, multimillonario constructor (entre otros oficios) y propietario de empresas de náutica y aviación, de 61 años de edad y procedente del madrileño barrio de Tetuán, más conocido para los ávidos lectores de la prensa nacional como
“El Pocero”.
La vida de Don Francisco está ligada indefinidamente a las aguas, como así lo narra él mismo en su biografía
Memorias de un hombre que si no trabaja se muere (2004): «Tuve que bajar a los colectores y recorrer ese mundo increíble que existe bajo la gran ciudad. Yo he visto ahí abajo cadáveres de personas, fetos, pistolas, navajas, animales podridos y cosas disparatadas». No obstante, esa relación viene de aún más lejos. A los tres años debe abandonar el cobertizo de dos habitaciones, sin baño ni cocina del citado barrio de Tetuán con sus cinco hermanos y sus padres. A los nueve años monta su primer negocio: acarrea agua desde las fuentes a las casas por la propina con un carro que había construido a base de restos de un vertedero. Pronto se compra un burro para cargar los cántaros, pero la ciudad lo traiciona: Madrid coloca fuentes públicas y su aportación a la economía familiar quiebra. En 1956, con once años es repartidor pagado en especias, pero de nuevo las aguas, en este caso las menores le traicionan, meándose en el ascensor de una clienta. Luego llegaría la profesión por la que lo conocen, fue pocero, y transitó por las tripas hirientes de los sentidos que son las alcantarillas de Madrid. A los veintinueve, casado y con hijos, llega con su mujer María Audena a su nuevo piso de Santa Eugenia, y ambos lloran bajo el agua de la ducha. Es la primera vez que disfrutan una. Se acabaron los barreños, es 1974. Agua, siempre agua, tanto en la miseria como en la gloria. Las empresas de don Francisco, analfabeto de origen que se enorgullece de decir que aprendió a escribir firmando letras a los treinta años, fueron creciendo sin parar, y hoy surca los mares en su esplendoroso
Clarena, un yate de 46 metros de eslora, el más grande de las Islas Baleares con bandera española (por encima de la embarcación del rey). También posee una embarcación anterior a la compra del Clarena, El
Clara, un
open boat (de recreo) de 27 metros de eslora. No obstante don Francisco aún no se ve dominando suficientemente el agua bajo sus pies, ahora bien secos. Ya ha encargado a la naviera italiana Riva Ferreti que le construya uno de
72 metros de eslora que sólo le va a costar 60 millones de euros.
Pero don Francisco, pese a las duras palabras de su padre, pocero de izquierdas silenciado tras la Guerra Civil (que por cierto se casó con una mujer a la que conoció en una manifestación por los derechos de la mujer), tiene un sueño. Y ese sueño, tras haber proyectado construcciones en otras pequeñas poblaciones, se ubica en Seseña, municipio ubicado en la frontera del término de Toledo con la comunidad de Madrid:
Residencial Francisco Hernando. Allí tiene previsto construir 13.500 viviendas, en un complejo ideal para vivir, con grandes piscinas para cada 580 viviendas y un campo de fútbol de césped natural. No importa que la localidad se encuentre ubicada en la comarca de la Sagra plena llanura seca toledana, y que sea como un verdadero desierto. Por ahora lleva unas cinco mil licencias de obras, pero él confía en terminarlas todas, en lo que será el culmen de su carrera empresarial, será Las Vegas españolas, esa ciudad construida en medio del desierto de Nevada a cargo del magnate
Benjamin Bugsy Siegel a finales de los años 40. De la nada una ciudad en la que se llega en media hora a Madrid desde el kilómetro 36 de la Nacional IV, en la que habrá una escultura de sus padres y uno de sus parques llevará el nombre de su esposa. ¿Infraestructuras? Un colegio proyectado, de lo demás ya se verá, que se encarguen otros. Don Francisco no puede encargarse de todo.
Sin embargo, a don Francisco le persiguen sombras, y el agua, claro está. En los años 80 y 90 hizo fortuna en la construcción en los pueblos de Boadilla del Monte y Villaviciosa de Odón, de donde tuvo que salir tras perder mucho dinero y haberse enfrentado con los ayuntamientos. Otras sombra que le persigue es el susto de la
mala compra que habría podido consumar de
Puerto Portals, el gran puerto deportivo de Mallorca a la familia Graf, los dueños de la multinacional
Teka. Podría haber perdido mucho dinero, y el posible engaño lo ha llevado a los tribunales. Los Graf se han vengado y han expulsado al
Clarena del puerto.
“Tú has nacido obrero y obrero serás toda la vida. Toda la vida habrá pobres y ricos y lo que uno tiene que hacer es sentirse orgulloso de su clase. Los ricos no admiten competencia, ¡y menos en esta España de derechas!”. Eso le dijo su padre, cuando Don Francisco contaba diecisiete años y le dijo que se marchaba de casa, que quería triunfar en los negocios. Y nos queda el agua. Porque el agua no llega a su residencial,
por mucho que se prometa el trasvase y que lo ratifique la ministra Narbona, que dice que tarda. Que no llega. Pero Don Francisco la trae en cisternas, y llena su lago artificial de dieciocho mil metros cuadrados por un metro y medio de profundidad del residencial. Pero ¿y esa agua? Las subcontratas que le acarreaban el agua en sus cisternas están denunciadas por robarlas del Canal de Isabel II. Don Francisco tiene buenos amigos políticos, como Don José Bono, ex ministro de la Defensa, o Eduardo Zaplana, ex ministro de Trabajo, que más que amigo fue quien le firmó su Medalla de plata al Mérito en el Trabajo.
Su cuñado al parecer (el de Don francisco), fue quien empezó el trámite (por entonces jefe de gabinete del subsecretario de Trabajo).
El agua, siempre el agua, la fortuna trae y la fortuna se lleva. Sin agua y con poca previsión de tenerla en abundancia, nunca.
Y queda la justicia, que lo sigue de cerca, porque parece que no salen las cuentas y más pronto que tarde habrá nuevas noticias. Pero mientras, diga lo que diga Don Francisco, las lagartijas toman el sol y se bañan en el lago artificial con media sonrisa verde.
4 comentarios en esta anotación »
Mechanical
# septiembre 1, 2006
CalheR
La vida de este hombre, de novela. Hay gente que tiene claro que quiere triunfar y no para hasta que lo consigue. Sea como sea.
# septiembre 1, 2006
Jota
En mi opinión, su ejemplo de superación es alimentado por un trauma infantil causado por la pobreza y sobre todo un trauma juvenil, o al menos por la necesidad de demostrarle a su padre que se equivocaba diciéndole que no podría ser más que un obrero. El problema es que no se puede hacer trampas, ni pasar por encima para cumplir objetivos.
Don Francisco tiene una vida de novela y promete futuras noticias interesantes.
# septiembre 1, 2006
Jesu
Un saludo!!
Jesu
# septiembre 2, 2006
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