
Imagínate, por un momento, que te dejan un animal doméstico en casa por una buena temporada. Ya sabes, el típico primo que con toda la cara del mundo te dice que se va por unos meses, (vamos a imaginarnos de beca Erasmus a Inglaterra) y te deja su mascota en casa. El tiempo pasa, y el animalito, que podría ser un hamster, empieza a moverse un poco menos, y a hacer unas deposiciones anormales. Tú, que no eres muy avispado y que no has comprado comida para hamster en la vida, le echas zanahoria fresca, como tu hermano le echaba al conejo que tenía cuando tú eras un tapón. Tú razonas y dices, “total como este es más chico con la zanahoria se apaña”, solventando así otro tipo de alimentación que complete su dieta. Que le hubiera dejado su amo más comida, qué coño. Es más, digamos que ves que el animal está como más gordo, más hinchado, pero piensas que lo estás alimentando bien, con lo cual te vas dos semanas con los colegas de viaje, y le dejas dicho a tu santa madre que le eche su zanahoria picadita todos los días. Tú te vas “y que se preocupe otro” piensas, que para eso estás de vacaciones, como hizo el cara de tu primo”. La pobre mujer, que ve en ese pequeño roedor amigo de los niños poco más que una rata, hace lo que le pide su hijo, pero claro, de limpiar la jaula (“¿pero eso hay que limpiarlo? dirías tú cuando tu amigo pidiera explicaciones), ni su hijo ha dicho nada ni ella piensa de ningún modo meter la mano ahí. Tú vuelves, y ves la jaula como la patena, pero sin hamster. Tu madre te dice con una cara de resignación que una mañana “el ratón apareció panza arriba y con moscas, y tu padre lo tiró, que a mí me daba mucho asco”. Ahora qué haces, te preguntas. “Tenías que morirte ahora, cabrón” piensas mientras recuerdas lo encariñado que estaba tu primo con el bicho. Pero claro, que ibas a saber tú que alimentar a un hámster a base de zanahoria daña el hígado del animal, que terminó sufriendo un colapso. Qué ibas a saber tú.
En estos momentos, a mi mente sólo arriba tristemente esa sentencia destructiva que define a este país, o mejor dicho a esta región, como de tontos. Pero tontos, tontos, no esa errónea definición de la RAE que asigna este término a los deficientes mentales. Yo me refiero a esos que se abrazan a lo absurdo,
que no es otra cosa que lo contrario y opuesto a la razón. Resulta que
el juez instructor del escandaloso caso Malaya, Miguel Ángel Torres, manda a intervenir el 30 de Marzo del presente año en el núcleo poblacional marbellí de San Pedro de Alcántara, más concretamente en la finca “La Caridad”, parte de la fortuna “viva” del principal acusado por la trama de corrupción municipal e inmobiliaria más grande que haya conocido esta joven democracia. Juan Antonio Roca poseía más de tres millones de euros en caballos de pura raza, considerando que uno de estos caballos puede llegar a costar en el mercado medio millón de euros (unos 80 millones de pesetas). Los ciento tres caballos del presunto pasaron a disposición judicial, mientras se seguían tratando otros pormenores
“sin tener en consideración que la intervención era en una sociedad que tenía animales vivos y no seres inertes” argumentan fuentes cercanas a la sociedad Marqués de Velilla, propietaria de la finca antes citada. Pasaron tres meses, y por fin el juez pudo nombrar un administrador judicial. Éste, bien por ser desconocedor del tema de la cría equina, bien por cualquier otro motivo que en este momento servidor desconoce, designa a un
“asesor, vinculado con el mundo del caballo”, según el diario ABC. Hoy, a viernes 22 de Septiembre y casi a seis meses de la intervención del juez, parte de la prensa española vuelve la su mirada hacia la finca. Ya han muerto tres caballos y diez se encuentran en un estado aberrante. Allí, entre la paja y el excremento, se pueden ver a caballos raquíticos que ya no se pueden poner en pie, que tienen úlceras y tumores en las patas y testículos, además de numerosas heridas en la piel. Se pueden ver allí a caballos que poseían desde antes de nacer la distinción de un Pura Sangre, de un animal excepcional y único, que se han quedado en sacos de huesos, dolor y piel con unos ojos grandes y oscuros, que miran fijamente con la tristeza del condenado. Las autopsias revelan la muerte de uno de ellos por alimentarse de tierra y otra de ellas la posible supervivencia del equino si hubiera sido operado en el plazo de 24 ó 30 horas. La representante legal de la sociedad dueña de la finca ya ha declarado públicamente que va a denunciar esta situación mientras que La Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales (ANPBA) ha pedido al juez que los caballos reciban “cuidados adecuados a su raza y etología, de acuerdo a la protección que les es aplicable”. La sociedad protectora de animales de Málaga ha pasado inmediatamente a la acción y ha mandado un camión de comida, dispuestos a alimentarlos aunque sea desde la valla. Por su parte,
el delegado en Málaga de la consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía afirma que los caballos han estado bien atendidos y que si algunos están enfermos es por una enfermedad que ya tenían antes: "Hemos cumplido con las condiciones de sanidad y los informes que hemos hecho lo demuestran". El problema de lo que expresa el delegado de la junta, es que un caballo pura sangre no come lo mismo que un caballo cualquiera.

Necesita una alimentación adecuada a sus características, tal como afirma un experto consultado por EFE:
"es una especie muy delicada, que requiere muchos cuidados y un simple cólico necesita un tratamiento veterinario debido a que puede acabar con ellos". Y obviamente no se lo han dado, como pongo en duda que esos cuidados sean los adecuados. Porque por muy dejado que seas, si cuidas a un caballo, jamás estará como están hoy aquellos que un día crió el dinero de Roca, o de los andaluces.
El problema es que, aquí aún se funciona con el “que se preocupe otro” y en el delegar, que se coma el marrón otro. En este caso,”el otro” cobra una buena retribución y olvida lo que dice el artículo 435 del Código Penal sobre cual es la labor de un depositario:
“responderá de todos los bienes que se le designen y, en caso contrario, podría incurrir en malversación impropia”.
El incumplimiento cuesta al depositario de tres a ocho años de prisión, según el valor o el perjuicio de lo sustraído, además de la inhabilitación. No obstante dudo, en mi poca fe en la justicia que pague el responsable último del sufrimiento evitable de unos seres vivos únicos. Porque en este país de lo absurdo, de la falta de conocimiento, no olviden que importa poco si uno sabe qué come el bicho. La factura, la paga el hamster, y tu primo.
4 comentarios en esta anotación »
Martín Bolívar
# septiembre 24, 2006
Jota
# septiembre 24, 2006
Un Emisario de DIOS
ROCA es tan inteligente que desde la carcel se ha convertido en el azote del honorable juez .
# septiembre 25, 2006
Jota
Aquí no nos meten nada. Esta aberración es inhumana.
# septiembre 25, 2006
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